Por: José Fernando Villegas Hortal
Director Ejecutivo: CCI Antioquia
El próximo gobierno encontrará en Antioquia un territorio con obras avanzadas, pero inconclusas; con capacidad técnica, pero a la espera de decisiones políticas firmes.
Las prioridades están claras: terminar lo que se empezó, conectar lo que falta y recuperar lo que se abandonó.
Antioquia ha sido históricamente un territorio de empuje, innovación y liderazgo en infraestructura. Sin embargo, el balance del actual periodo de gobierno nacional deja una sensación de frustración. Grandes proyectos que deberían haber concluido y hoy estar impulsando la competitividad regional y nacional avanzaron a un ritmo inferior al esperado, y otros no tan grandes, pero de importancia estratégica, simplemente no los hicieron, alejando cada día nuestro propósito de estar más conectados.
Hoy, cuando se aproxima un nuevo gobierno, los antioqueños debemos centrar nuestros esfuerzos en exigir continuidad, priorización y decisión política frente a un conjunto de obras que no son un capricho regional, sino una necesidad estratégica para el país.
El Túnel del Toyo: el corazón de la conexión al mar
La obra más emblemática de la ingeniería antioqueña reciente, el Túnel del Toyo, está próxima a convertirse en la conexión más corta entre Medellín, el centro y suroccidente del país con el Mar Caribe, sin embargo, la instalación y puesta en marcha de los equipos electromecánicos —sistemas de ventilación, iluminación, control y seguridad— sigue siendo un cuello de botella, sin estos equipos, el túnel no puede entrar en operación plena, se requiere por parte del Instituto Nacional de Vías una adecuada administración del contrato que hoy presenta retrasos importantes, y a su vez que el Gobierno Nacional garantice el pago oportuno de las vigencias futuras que permitan la adecuada financiación del contrato firmado con el consorcio Antioquia al Mar en el año 2022 y el cual debería culminar en diciembre de 2025 pero que hoy tan solo presenta un avance del 50%, lo que no permitiría poner al servicio este estratégico corredor a finales del próximo año que es la fecha en que se tiene previsto terminar las obras físicas del tramo que le correspondía a la Nación y que fue cedido a la Gobernación de Antioquia ante la evidente falta de voluntad del Gobierno Nacional de concluirlas.
Las troncales pendientes: de Medellín a Quibdó
Una deuda inaplazable con el departamento del Chocó, territorio que ha permanecido aislado vía terrestre con el resto del país, una vía a la que se le han invertido más de 2 billones de pesos (equivalentes del 2024) en los últimos 15 años y que aún presenta tramos críticos sin soluciones adecuadas. Un estudio reciente de la CCI Antioquia demuestra que las inversiones realizadas allí por kilómetro resultan mayores a las inversiones en tramos de superiores especificaciones bajo el modelo de concesión, lo que invita a estudiar soluciones adicionales a la obra pública que hasta ahora no ha funcionado bien en ese corredor.
El futuro gobierno debe asumir esta conexión como un proyecto de Estado, con soluciones de ingeniería de alto estándar, mantenimiento permanente y sostenibilidad ambiental, y para ello, es necesario definir el modelo a utilizar, bien sea vía obra pública o por APP de iniciativa pública para garantizar que se culmine en su totalidad un corredor adecuado entre las dos capitales.
Pacífico 1 y la red de concesiones inconclusas
Las autopistas 4G fueron concebidas para transformar el mapa vial de Colombia, pero en Antioquia aún hay pendientes críticos en Pacífico 1, especialmente entre el sector de Primavera y Camilo-C, donde existen tramos aún por definir y que actualmente no hacen parte del contrato de Concesión; el tramo en el sector de la Sinifaná debe quedar solucionado y para ello es necesario una definición por parte de la ANI para que el concesionario pueda terminar al fin la unidad funcional No. 1; y por supuesto la construcción del puente en Bolombolo con una comunicación adecuada a la Concesión Pacífico 2 que permita adicionalmente agilizar la circulación entre Urabá y el suroccidente del país.
Aeropuerto José María Córdova: La conexión de Antioquia con el mundo.
El Aeropuerto José María Córdova de Rionegro requiere una ampliación urgente de su capacidad. Con un tráfico que ya supera los límites de diseño, la infraestructura actual no responde al crecimiento del turismo, la carga aérea y la conectividad internacional del Valle de Aburrá.
La ampliación de la segunda terminal aérea del país no puede seguir postergándose. Es urgente que el gobierno haga el anuncio de proyecto tan pronto se reciba el estudio del Plan de Expansión del aeropuerto por parte de Aerocivil el próximo mes de marzo. Es imperativo que se defina el mecanismo que permita adquirir los predios valorados hoy en cerca de 2 billones de pesos y estructurar una APP que permita la ampliación a 42 millones de pasajeros, pero sin dejar de operar la terminal actual a la que a propósito se le deberán hacer unas adecuaciones urgentes para evitar su colapso operacional.
Finalmente pero no menos importante, Antioquia debe exigirle al próximo gobierno la recuperación y adecuado mantenimiento de los tramos de vías nacionales que aún están bajo responsabilidad del Invias, especialmente los tramos Necoclí-Arboletes, Santuario-Cañoalegre y Hoyo Rico- Caucasia. No podemos seguir permitiendo que el Invias destine los recursos de peajes recolectados en estos corredores a otros corredores y actividades diferentes, estos deben ir única y exclusivamente al adecuado mantenimiento de los corredores atendidos por estos peajes tal como lo ordena la ley 105 de 1993.
Conclusión: una agenda común para Antioquia
El próximo gobierno encontrará en Antioquia un territorio con obras avanzadas, pero inconclusas; con capacidad técnica, pero a la espera de decisiones políticas firmes.
Las prioridades están claras: terminar lo que se empezó, conectar lo que falta y recuperar lo que se abandonó.
La infraestructura no puede ser rehén de los ciclos políticos, las obras no son regionales sino nacionales y por eso necesitan continuidad. Solo así lograremos que las autopistas, las carreteras, los puertos y aeropuertos se conviertan en motores de desarrollo y no en monumentos a la desidia y abandono de un gobierno.